Évènements culturels latins à Paris

El fin de la guerra y el primer día de la paz (Première partie)

Visiones y sensaciones desde la Universidad Nacional de Bogotá, Colombia.

Crónica especial de Dioscórides Pérez, profesor titular Facultad de Artes, U.Nacional

Son las once de la mañana y hace frío aunque el cielo sobre la capital está despejado y azul. Desde el cerro de Monserrate baja una lluvia ligera que alegra a los árboles y lustra los ladrillos rojos de esta ciudad. El paisaje es el mismo, pero hoy no es un día cualquiera: lo tan anhelado está a punto de suceder. Verifico que la cámara esté en mi mochila y salgo apurado del taller de grabado de la Escuela de Artes Plásticas a tomar un bus que me lleve al centro de la ciudad. Quiero ver con mis propios ojos y sentir en el cuerpo el momento en que Colombia termine simbólicamente con más de 50 años de guerra y comience la invención del tiempo de la paz.

La paz en Colombia   La mesa de paz, Habana

Está anunciado que este mediodía se firmará el cese bilateral del fuego entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC-EP. Eso será lejos de aquí, sobre una mesa tendida en la isla de Cuba. Este acontecimiento histórico será un rito mediático para los colombianos, que los bogotanos podremos ver en pantalla gigante sobre la carrera séptima con Jiménez, en el sitio exacto donde cayó baleado en 1948 Jorge Eliecer Gaitán, asesinato que encendió el Bogotazo y desencadenó la más cruel y sanguinaria violencia partidista, que alimentada por los señores de la guerra desangra hasta hoy día nuestro país.

Mientras el bus cruza frente al Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, recuerdo mis años de estudiante en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia, cuando arengábamos contra la represión de la bota militar y el imperialismo yanqui. Hacíamos paros y marchas sin aviso ni permiso, y le metíamos mucha piedra y cocteles molotov a las protestas. Yo, más imaginador que guerrero, pertenecía al grupo de teatro, dirigido por Ricardo Camacho, con quien trabajábamos en incitar mediante el arte vivo la creación de las empresas comunitarias con el montaje “La verdadera historia de Milcíades García” cuya consigna, elaborada entre historias campesinas, era “la tierra para el que la trabaja”. Al tiempo, en la Candelaria, Santiago García y sus muchachos contaban colectivamente la vida de Guadalupe Salcedo, líder de las guerrillas de los Llanos Orientales, con su obra “Guadalupe años sin cuenta”.

Guadalupe Anos sin Cuenta Actores Guadalupe A_50

Dentro del campus la agitación política de izquierda era pan de cada día y se desarrollaba en los salones, en los auditorios, en la cafetería, en la plaza Che, y sobre los muros donde se pintaban grandes murales con dibujos y textos en rojo y negro. Afuera, el Taller Cuatro Rojo estampaba imágenes serigráficas en contra de la guerra de Vietnam, los grabadores imprimían aguafuertes y xilografías para denunciar a un Estado que reprimía con dureza al pueblo. Los pintores representaban metáforas de la violencia, escenas de la recuperación de las tierras por los campesinos e ilustraban la utopía de la toma del poder por los estudiantes y los trabajadores usando el realismo socialista. Nos inspiraban las revueltas de mayo del 68 en Paris, la cercana Cuba libre, el ruido que ardía en Centro América, los movimientos insurgentes en Latinoamérica, Chile con Salvador Allende. Además, desde el otro lado de la tierra nos llegaban las imágenes surrealistas de China que nos hacían imaginar su revolución como un paraíso terrenal.

Agazajos a la paz, UN

Éramos una generación de utopías comprometida a cambiar el país, y con piedra, gritos y pintas, apoyábamos todas las formas de lucha. Entre el monte y la ciudad ya estaban las FARC-EP, el EPL y el Ejército Nacional de Liberación ELN. A estos jóvenes luchadores se les llamaba cariñosamente “los muchachos”. Los movimientos sindicales agitaban políticamente el país, con el Movimiento de Autodefensa Obrera ADO, el MIR-Patria libre y el Partido Revolucionario de los trabajadores PRT. En el campus coexistían a codazos muchos grupos políticos, “revolucionarios de todos los pelambres” que todos a una luchaban por alcanzar el mismo objetivo: la toma del poder. Se destacaban líderes de ideas marxistas-lenilistas, troskistas y maoístas, que echaban sus discursos en tarimas improvisadas con pupitres o en los auditorios, usando gestos fuertes y apasionadas palabras. Rumbaba la música protesta, el rock extranjero y nacional, la balada cubana, la yerba y el vino de cerezas.

Pero la represión se vino encima del país y se ensañó con la Universidad: no había semestre sin pedrea, detenidos, desalojo y cierre académico; ni año sin muerto. Entonces, surge el M19, que se roba la espada de Bolívar y la esconde entre los libros del poeta Otto de Greiff; se roban también las armas del Cantón Norte y se toman, frente a la UN, la Embajada Dominicana. Los cuatro grupos de teatro de la Facultad de Artes son clausurados y se cierra indefinidamente la Universidad y las residencias estudiantiles.

Camilo Torres en la U Nacional Camilo Torres

Dos profesores, uno de teatro otro de fotografía, son detenidos; varios estudiantes desaparecen; otros, siguiendo el ejemplo de Camilo Torres cogen su mochila y se van al monte. Nuestro grupo de teatro es detenido en plena presentación en una vereda de El Yopal, Casanare, y nos dan un escarmiento tras las rejas. Cuenta a su nieta el abuelo Alfredo Molano, quien es fiel testigo de todas las luchas, que en la UN “Queríamos bajar a piedra el cielo a la tierra. Y entonces apareció Camilo… Y desapareció, y lo mataron y siguieron otras muertes y otras. Muertes de compañeros de cafetería, conocidos que murieron para que nosotros no muriéramos. Pero muchos lo hicieron con el morral al hombro y el fusil en las manos. Muchachos tan generosos como los que después me encontré en las costas del Guayabero, que no les temían ni a la noche oscura ni a los ríos crecidos. Fue cuando comencé a escribir sobre ellos y sobre su gente. Escribí deslumbrado, alucinado. No paraba de escribir sobre un país que no se conocía, y de conocerlo, por supuesto.”

( Nota bene : La segunda y tercera parte de esta interesante crónica en los próximos días. Síguenos en nuestro blog).

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