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Leyendas de Nicaragua : « El primer hombre y su mujer »

por Michèle Grégoire

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Los ancianos indígenas, campesinos de las montañas del noroeste de Nicaragua, relataron cómo se habían formado el Primer hombre y su mujer, según les contaban sus abuelos.

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Ellos dijeron que, hacía muchísimos años, mucho antes que hubiera gente sobre la tierra, vivía en lo más espeso del monte un viejito solitario que se preparaba él mismo la comida.

Un día no teniendo nada que hacer y sintiéndose muy aburrido, tomó una masa dura de maíz que le había sobrado después de haber hecho sus tortillas, y la reblandeció con sopa de frijoles y miel de jicote que tenía guardada en una jícara.

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Con esta masa reblandecida y ya suave hizo dos pequeños muñecos como del tamaño de una cuarta. Y que como se doblaban al ponerlos de pie, se dispuso reforzarlos a cada uno con palitos y ramitas, con piedritas y conchitas finas recogidas en la quebrada que pasaba cerca de su choza de palma. También les había metido dentro de las cajitas del cuerpo, una bolita de hule, dos pelotitas de algodón, lodo con chile, aguacate y clara de huevo de jolote, bejuquitos, gusanitos de tierra, dos frijoles rojos que estaban tirados en el suelo, tomates de monte, semillas de ayote (calabaza), también de achiote y otras menudencias.

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Para los cabellos había usado pelo seco de maíz. Y estando así, ya bien rellenados, el viejito quiso forrarlos con unas hojas de tabaco que tenía para sus puros, usando como hilo el mismo pelo de maíz.

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Como las hojas de tabaco estaban secas y se quebraban a cada rato, el anciano las había humedecido luego con agua medio salada. Así arregladas, se dispuso a cocerlas. Y habiendo terminado, al primer muñeco le había dejado una hilacha larga guindada, pues creía que iba a sobrarle hilo. Pero al segundo muñequito lo había dejado abierto, porque precisamente cuando zurcía el gancho de las piernas se le había acabado el hilo. Y éste es el motivo por el cual los hombres tenían el gran colgajo por delante y las mujeres su tamaña gran rajadura.

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Nota bene : la palabra ayote viene de la lengua nahuatl ‘ayotli’ (una planta herbácea cucurbitácea parecida a la calabaza (cf. etimologías de América Central)

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