Évènements culturels latins à Paris

Edgar Morin : El intelectual de la complejidad. Un visionario transformador de nuestra ‘Tierra-Patria’

por Fabiola Beltrán Fimat

‘Debemos relacionar lo politico, lo ecológico, lo social y lo económico’

El miércoles, ocho de julio pasado, Edgar Morin cumplió 99 años.

En estos tiempos de coronavirus, Morin, intelectual del mundo planetario, concentra toda la atención de los medios y la institución francesa. Todos recuerdan ahora su visión precursora de la ecología y los vasos comunicantes que estableció entre su vida personal y destino planetario. Entre complejidad e incertidumbre. Entre intuición e inestabilidad, pero es solo en las últimas décadas, que sus ideas son acogidas en Francia y que al fin, Morin es profeta en su propia tierra. Sufrió y tuvo que resistir al margen de las élites intelectuales francesas, que no admitían incluir en las ciencias sociales ni sus análisis de « masse-media », ni su proyecto de entrecruzar disciplinas, ni veían con buenos ojos, su visibilidad en los debates de actualidad.

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Morin compensa esa indiferencia de los suyos, en los países del sur, Italia, España, pero sobre todo, en América Latina. Su método para practicar la teoría de la complejidad, es estudiado desde los años setenta en los círculos académicos y hoy es aplicado en muchos establecimientos educativos, públicos y privados.

Les comparto una entrevista publicada ya en algunos medios, que retoma interés, con la publicación de la reciente autobiografía, Los Recuerdos Vienen a mi Encuentro, publicada por Fayard, en donde el intelectual consagra muchas páginas a su experiencia latinoamericana.

El sociólogo, antropólogo y filósofo francés, mantiene una relación privilegiada con América Latina, desde principios de los años sesenta, cuando hace sus primeros viajes. Este acercamiento es propiciado por sus orígenes mediterráneos y lingüísticos. Desde la cuna se familiariza con el castellano, oyendo a sus padres hablar ladino, lengua de los judíos expulsados de España y Portugal, mezcla de castellano antiguo y hebreo. Legado que lo acerca también a la música y poesía ibero-americana. El verso célebre de Antonio Machado, Caminante no hay camino, se hace camino al andar, es el himno de la filosofía de la complejidad. Morin lo escuchó en la voz de Joan Manuel Serrat y lo interpretó, inmediatamente, como el viaje transformador, que necesitamos todos para conciliar los mundos paralelos, diversos y conectados, de nuestros tiempos presentes.

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La transformación Morin la cultiva como la metamorfosis de un jardín. En nuestra » Tierra-patria » todo, absolutamente todo, tiene que ser removido para volver a reunir eso que la modernidad ha separado: la muerte-vida. La tierra-cielo. La realidad-imaginación. Los seres y las cosas.

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Esa búsqueda de atar lo desatado y unir muerte y resurrección, iniciada desde su infancia, es la columna vertebral de su obra enciclopédica. Cuando su madre, Luna, muere y se queda huérfano, en las salas de cine el niño Edgar de ocho años, encuentra alivio a su orfandad. « Me escapaba de la realidad, pero en la imaginación descubría las realidades de mi vida », dice en su recuento de amores y querencias,

La sensación perturbadora, consoladora del cine, Morin la vuelca en dos libros que le abren de par en par las puertas de América Latina: El Hombre Imaginario y Les Stars, publicados en 1956 y 1957. Comentados rápidamente en Argentina, el sociólogo es invitado como jurado del festival del Mar de Plata, en la sección de cortometrajes, desde 1959. Corta, pero rica estadía, que le permite ser convidado a dar un ciclo de conferencias en Santiago, en 1961 y en Rio de Janeiro en 1968. Iniciando así, una ronda de viajes de ida y vuelta, que desencadenará en numerosos coloquios y cursos en universidades latinoamericanas.

El pregonero de « La religión del amor », comprometido con una ética del saber vivir, despierta tal devoción en la otra orilla del océano que una periodista francesa, después de asistir a una de sus conferencias, lo llamó « Santo Edgar ».

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¿Cómo se creó esa relación tan estrecha con América Latina? Morín me dio las primeras pistas en un coloquio sobre educación a los finales de los años noventa. Llovía esa mañana en París y el sociólogo, invitado de honor en un foro de educación e internet, llegó agitado y apenas tomó el micrófono dijo: « Acabo de bajarme de un avión, hace apenas unas horas y ya estoy con gripa. Vengo de un país en donde pasé días maravillosos. Debo confesar que fui feliz en Medellín, Colombia. Encontré allá gentes fantásticas que enfrentan la realidad con alegría ». Se excusó por no seguir en el debate y salió casi huyendo de la sala llena. Y yo, impresionada con esa declaración de amor, tan rara con mi país, sobre todo que Medellín era en esos días un polvorín de mafias, salí corriendo detrás de él y le pedí hablarme más sobre sus experiencias americanas.

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Nos reunimos en varias ocasiones y en años distintos, en su oficina de la Unesco y en su apartamento de la rue Saint-Claude, en el barrio Le Marais. En cada ocasión esperé entre un periodista que salía y otro que entraba, con tiempo limitado para hablar. Crítico con la prensa, pero comunicador nato, Edgar Morin, en su último libro, justifica esa facilidad para dar declaraciones a corresponsales, sobre todo, extranjeros, porque no sabía decir No, dice, pero también, agrega, porque necesitaba compensar el silencio de la crítica francesa a mis libros e ideas.

E.M, como a él le gusta presentarse, nació en París en 1921 como Edgar Nahum, pero después de la guerra, guardó su nombre clandestino de la resistencia: Edgar Morin.

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“ AMERICA LATINA EN MI ALMA »

– Don Edgar ! Con esta familiaridad, lo llaman muchos académicos latino-americanos, ¿cómo descubrió nuestra región?

– Mi primera fascinación fue la música andina. La escuchaba mucho en París, después de la guerra, con el grupo Los Guaraníes. Cantaban clásicos como el Carnavalito, El Cóndor Pasa o Moliendo Café. Y como a mí me gusta cantar, guardé una afección particular por esa música. Me encantan los sonidos de la quena, la flauta y el tambor. La música me llevó después a América Latina.

– ¿Si descubrió América del sur por esa punta de su sensibilidad que es la música, baila también?

– Adoro bailar. Me gusta disfrutar en pareja, en grupo o solo como en el rock, en donde cada uno baila, pero se libera en comunidad. Claro, bailar tango o bolero, es otra cosa, es una danza erotizada…. El baile me gusta cómo momento de exaltación colectiva. Como una fiesta en la que una comunidad goza en común

– Si construyeramos su itinerario, ¿aaaacuando viajó por primera vez a América?

– En el 59 a Argentina, como invitado al festival de Cine del Mar del Plata. En 1961 la facultad latinoamericana de Ciencias Sociales de la universidad de Santiago me invitó a dar un curso. Me propusieron, después, trabajó algunos meses al año. Esos años fueron importantes para mí. Me iba en junio y aprovechaba para viajar. Fui al Brasil, México y los países andinos. Y Gracias a las averías de la motocicleta, conocí a muchos amigos que todavía guardo.

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– El Brasil es una plataforma importante en la difusión de su pensamiento, ¿cómo lo conoció?

– Por medio del cine como Argentina. Como jurado del festival de Cinema Novo. Pero eso que es verdaderamente importante es mi contacto con las universidades. Empezó justo en el año 68. Tenía previsto comenzar un curso en Río de Janeiro, cuando nos llegó la noticia de las revueltas estudiantiles. Me devuelvo a Paris y entre viajes de ida y vuelta escribo mi segundo libro, La vida del sujeto (1969). En el Brasil, la universidad de Cándido Méndez es fundamental en mi trayectoria intelectual. Acogió el primer congreso de lenguas latinas del Pensamiento Complejo. Un verdadero encuentro continental que me permitió constatar el eco que tenían mis libros traducidos incluso en portugués de Portugal y del Brasil. Conocí muchos investigadores; di muchas conferencias y a finales de los noventa vivo un encuentro inolvidable en Colombia a donde voy invitado por universidades de Bogotá y Medellín.

-¿Por qué es tan importante ese viaje?

– A Medellín yo creía llegar a la capital de la droga, de cierta manera a los confines del mundo; no había imaginado nunca la riqueza intelectual, fantástica de esa ciudad. Llegué invitado a un seminario y qué sorpresa encontrarme con el hecho que mis libros habían sido leídos y mis ideas eran conocidas y discutidas. Colombia es un país que ha organizado muchas de mis encuentros. En el año 2000 programaron un congreso al que asistieron 800 profesores con el ánimo de reformar la educación. Colombia, México, Brasil, Argentina, Perú, son ejes en la red de difusión de la cátedra itinerante de la Unesco por la complejidad. La sede está en Buenos Aires, pero circula en todos los países de América Latina. Ofrece cursos, algunos a distancia, a redes de profesores, ingenieros, técnicos, empleados y profesionales de distintos campos.

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– ¿Por qué concede tanta importancia a la universidad?, ¿No son acaso los niños y los jóvenes el objetivo mayor de la reforma del conocimiento que usted pide?

– El cambio en las mentalidades para re-aprender a aprender, es solo posible con la ayuda de profesores y universitarios. Es en la universidad en donde se forma a los profesores de escuelas, colegios y liceos. La universidad es un espacio estratégico, pero mi reforma abarca todos los niveles de enseñanza. Todos los jóvenes que descubren mis ideas se interesan porque es un cambio con la enseñanza tradicional. Los estudiantes se aburren las clases y no ven ningún sentido a lo que aprenden porque les enseñan las materias separadamente. La física, la química, por un lado, la geografía y la historia, por otro, mientras que el Pensamiento Complejo interrelaciona. Les muestra que el ser humano es al mismo tiempo biológico, físico, cósmico, cultural, psicológico, social. Les enseña que sus interrogantes son los mismos que nos hacemos todos: ¿quiénes somos? ¿Para qué vinimos? ¿Qué hacemos? O que tendríamos que hacer para ser ciudadanos de esta tierra y decidir nosotros mismos nuestro destino planetario?

– ¿Son aplicadas entonces sus ideas en América Latina?

– Si, en América Latina se aplica El Método, objetivo principal de mi obra. Se está creando un nuevo tipo de enseñanza basada en los Siete Saberes de la Educación, es decir las siete cátedras que son: Enseñar sin omitir cegueras, errores e ilusiones. Enseñar el conocimiento pertinente. Enseñar la condición humana. La identidad terrenal. La comprensión. La ética y el manejo de la incertidumbre. Yo encuentro en América Latina una armonía con mi pensamiento que no encuentro en Francia ni en ninguna otra parte. Hay motivación para enseñar la democracia en sus complejidades.

– ¿Por qué?

– América Latina es un mundo joven. La inquietud reina en los círculos intelectuales. Investigan, cuestionan. Tienen sed permanente de saber. Saben que viven en una región a la que se le ha impuesto el capitalismo salvaje. Qué conoció los defectos de las ideologías, vio sus límites y supo que no responden a todos los aspectos de la realidad humana. El aniquilamiento del mundo soviético, el fracaso del maoísmo y el impase de la guerrilla, dejaron, en efecto, un vacío, pero también aspiraciones. Por eso mismo esos intelectuales se interesan en el pensamiento Complejo, que no los encierra solo en la esfera de economía y política, sino que los considera también en otros aspectos del ser humano y de las cosas.

– ¿Y no cuenta también el hecho que América nació y creció en la complejidad y que es en ese nuevo mundo donde son más visibles los problemas contemporáneos?

– Si claro, eso cuenta, pero hoy es el mundo entero que vive en la complejidad. Mis ideas son conocidas en España, Italia, Portugal y en los países mediterráneos no latinos como la Grecia. Mis libros son traducidos en iraní, en chino, en japonés, pero en Francia hay núcleos de resistencia de intelectuales y de instituciones que se oponen a todo cambio

– ¿Está usted diciendo que se ha sentido más integrado en los círculos intelectuales extranjeros que franceses?

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– Si. Pienso por ejemplo, que es en la escuela primaria y secundaria, el nivel en donde Francia progresa lo menos. Mis ideas no llegan a los alumnos porque los profesores no se interesan. El mundo universitario francés es cerrado, abstracto y elitista. Los intelectuales latinoamericanos, en cambio, sienten profundamente las aspiraciones sociales porque están más cerca de los problemas del pueblo. Se encuentran y ya hay alguien que toca la guitarra, qué canta. Ese gusto no existe en una sociedad fría como la nuestra. En Europa los jóvenes tratan de conseguirla en las reuniones de “revés parties” pero con la ayuda del alcohol y otras cosas. En América Latina esa comunión es de cierta manera una calidad natural. Es una región que me atrae por su generosidad, su espíritu de acogida y calidad humana más que por sus males. Es un mundo vivo que podrá salir un día de su tradición de conflicto si pasa a otro estado histórico.

– ¿Qué quiere decir?

– Que eso que falta al mundo de la cordillera y debiera ser la simbiosis, es el concepto de derechos humanos, de derechos de la mujer y de la democracia. Es un mundo que todavía no ha arreglado algunos de sus problemas fundamentales y es por eso que hay conflictos y una insatisfacción permanente. El pueblo sufre, pero sus infortunios no les impiden recibir con generosidad.

– ¿Y no es eso paradójico, justamente que una región sometida a todas las violencias e injusticias sea capaz de expresar lo mejor de ella misma como su generosidad?

– Es una contradicción humana que puede ser vivida de una manera más intensa en América del sur porque no está tomada por el delirio del absoluto y la razón, como lo está Europa. Cuando yo pienso en la expresión, “América Latina”, la primera imagen que me viene es la calidad de su gente. He dicho en muchas ocasiones que su pueblo se me quedo en el alma y es cierto. Recibir en América Latina es una cosa natural y profunda. El extranjero es todavía sagrado y sigue siendo visto casi como un enviado de los dioses. La música expresa bien esa comunión. Ella nos invita a bailar, a cantar y desarrollar la convivialidad.

– Es una herencia precolombina…

– De pronto. La hospitalidad existe en todas las sociedades tradicionales. Nosotros la hemos perdido en Occidente, pero creo que esa manera de ser latino-americana viene también del Mediterráneo. Los pueblos mediterráneos eran muy hospitalarios hasta que el turismo de masa llegó y asfixió el buen recibir.

– En su trayectoria personal e intelectual la poesía es omnipresente, ¿por qué?

– Me ayudó siempre. Y no es solo que me ayudara a vivir mejor y a realizar mi trabajo, es fundamental en la construcción de El Método. La canción, el cine, la literatura confluyen también en mi búsqueda política. No hay que olvidar que el ser humano se define también por su imaginario y su afectividad. Por la prosa y la poesía. La poesía no es solo una cosa que se lee o se reclama, es una comunión en el amor, en la fiesta. Yo creo en el lenguaje surrealista de la poesía vivida. Hay que vivir poéticamente.

– El imaginario surrealista se nutre justamente en fuentes diversas. André Breton y Philippe Soupault, fundadores del surrealismo, fueron influenciados por sus viajes americanos…

– Es difícil permanecer impermeable a ese entorno. El sentimiento de la realidad latino-americana es poético y mágico. El canto y la literatura lo reflejan bien. Cien años de soledad, es surrealista, por ejemplo, sin tener necesidad de presentarse con etiqueta surrealista. Los latinoamericanos están siempre listos a vivir poéticamente. Es una predisposición que me gusta.

– La revalorización que usted hace de la imaginación llega hasta imaginarios perdidos o lejanos como la astrología. Ha escrito sobre ese tema. ¿Por qué hay que recuperarla?

– Hace parte de nuestra realidad. Se ha separado el mundo irreal, imaginario del mundo práctico y técnico, pero no hay humanidad sin imaginación. Lo imaginario no existe sin la realidad humana. Es por eso que debemos pasar de un conocimiento que separa y reduce, a un pensamiento que distingue y reúne, al mismo tiempo.

– ¿Es eso la complejidad? La idea del ser múltiple que vive simultáneamente en distintos tiempos y espacios que debe conciliar?

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– Eso es. Y para acercarse a esas realidades en movimiento constante, proponemos como estilo de pensamiento el método del viaje. Por eso hablo siempre de abordar la incertidumbre, el cambio, la intuición, la contradicción, pero también de articular y aceptar el carácter inacabado del conocimiento. Porque vivir la complejidad no es como muchos creen, una complicación. Es articular las partes en el todo. La adopción del método complejo exige la participación activa de cada uno como sujeto observador y estratega del su propio conocimiento. Lo que está hoy en juego es la unidad en la multiplicidad.

– ¿Con esa transformación del individuo, la sociedad, las instituciones, está pidiendo usted una revolución cultural?

– Si. Pedimos una revolución del pensamiento, de las mentalidades. Nos toca cambiar el mundo, pero para cambiarlo hay que cambiar antes nuestras estructuras mentales, universitarias, institucionales para que se produzca una metamorfosis. Le repito: una METAMORFOSIS que produzca un nuevo renacimiento en donde se tenga en cuenta los orígenes múltiples del universo, nuevas relaciones entre humanos y seres vivos. Necesitamos con urgencia entonces una reforma de educación. Yo he pensado en un método para pensar esa reforma, que permita al individuo aspirar a ser capaz de aprender, inventar y crear su propio proceso de vida.

– ¿Puede ser pensada de la misma manera esa revolución en los países del sur y del norte?

– He hecho algunos test. Los países del sur pueden ser protagonistas. A pesar de su retraso económico ellos están adelantados en el arte de vivir y conservar sus relaciones humanas, son riquezas culturales milenarias, mientras que los del norte perdieron ciertas de sus cualidades humanas y se muestran incapaces de tratar ciertos problemas de la vida como el sufrimiento y el amor. El sur debe ser consciente de su riqueza y el occidente aceptar los aportes de otras civilizaciones.

– En varias ocasiones ha militado por el reconocimiento de los pueblos amerindios, ¿pueden esas sociedades aportar algo a los cambios que exige nuestro mundo plural?

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– Si y lo creo profundamente porque esas sociedades guardan tesoros preciosos como el espíritu de comunidad, de solidaridad que está en la unión cósmica del culto a la tierra: La “Pacha mama”. Tienen esa unión con la naturaleza que nosotros los occidentales hemos perdido. El mundo amerindio conserva, valores anteriores a nuestra sociedad moderna, como el principio del desequilibrio, el dualismo inestable o la percepción de vida y muerte que trasciende la distinción real-imaginario, que podría ayudarnos a entendernos y entender el mundo de nuestra era planetaria.

– En su concepción de la “Tierra-patria” insiste en reconocer la diversidad cultural, pero Francia continúa asimilando los estilos del sur, sin que haya un reconocimiento de eso aportes externos…

– Es cierto y todo nuestro trabajo se encamina a ese reconocimiento. Francia se enriquece de los intercambios musicales, literarios y los sabores diferentes. En lo relacionado con América Latina, se come ahora con más frecuencia, guacamole, enchiladas, empanadas y la fiesta no es fiesta si no se baila al ritmo latino. Pero ese proceso de latino- americanización en Francia cambia con relación a los Estados Unidos, Allá la presencia de latinos es físicamente visible, numerosa en muchos estados, en Francia es minoritaria. Son culturas que penetran poco a poco, pero hay un cambio. Francia también se abre. Antes eran muy pocos los intelectuales que se interesan a América del sur, ahora esa red es muy importante.

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– ¿Que sentimiento le inspira la nueva etapa del mestizaje de Francia?

– Francia se convirtió en un país de inmigración desde hace mucho tiempo. En el siglo XIX llegaron los inmigrantes europeos, españoles, italianos, poloneses y judíos de Europa oriental. Ese proceso de mestizaje creció con la mezcla de otras culturas no europeas, como los departamentos de ultramar, las ex colonias de origen asiático y africano. Enseguida vinieron las grandes olas de África del Norte. El resultado de ese mestizaje esta en los matrimonios mixtos realizados desde hace dos o tres generaciones. Las Américas mostraron el modelo del mestizaje, ya se trate de la mezcla de inmigrantes europeos y esclavos negros como en el Brasil o de la mezcla de pueblos europeos del mediterráneo y los pueblos amerindios, como en los Andes. Son mestizajes felices que enriquecen esos países y muestran que el futuro del mundo está en el mestizaje.

– El exotismo ya no está más lejos ni es extraño. Está metido en las calles decoradas con palmeras y en los salones franceses. Veo que usted tiene una mata de banano en su salón.

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– Si, el plátano es tropical o sea que viene de muchos lados. Este es africano. Es cierto, que nosotros adoptamos ahora los colores vivos y que el exotismo se vuelve familiar, pero hay que tener cuidado! más lo extranjero se vuelve familiar, más lo familiar se vuelve desconocido!

– En el lenguaje de sus libros y ensayos se oye el eco reiterado de palabras como: resistir. Actuar. Reunir… ¿cuáles son las palabras-claves de su propio mundo, Edgar Morin?

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– Amor. Poesía. Sabiduría. Regeneración y Paciencia

– En poesía, Machado es su guía espiritual, pero le gusta también Pessoa y en la otra orilla, Octavio Paz, Roberto Juárez, de donde viene esa preferencia por los poetas ibéricos?

– De la lengua. Del vientre de mi madre, se llamaba Luna. No lo sé, pero todos esos poetas que ha citado son importantes para mí. Tienen distintos ritmos. Reflejan una diversidad cultural. Ejemplar en el caso de América, con sus diferentes músicas y artes de vida. Cuando yo voy a Colombia, por ejemplo, es notoria la diferencia entre una región y otra. Cada una tiene su propio carácter y veces uno piensa, podrían ser países distintos, pero todos comparten el mismo calor humano, el mismo gusto de la comunicación y esa amabilidad que es única. Yo podría vivir sin problema en América latina

– Y que se lo impide?

– Voy a pensarlo. Risas! (FIN)

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